Este Blog funciona como apoyo de las distintas clases de Comunicación, Cultura y Sociedad del 5º año del colegio secundario. Acá se encontraran videos, notas, enlaces y cualquier elemento multimedia que sirva para trabajar los distintos temas tratados en clase.
jueves, 14 de enero de 2016
Desconexión sideral - Bersuit Vergarabat
http://viajarleyendo451.blogspot.com.ar/2014/06/ciencia-vs-religion-parte-23.html
Dolina - Oesterheld - Galenao
Hay en el
barrio del Ángel Gris dos calles -nadie sabe cuales- que son las calles de la
vida y de la muerte.
Son aparentemente paralelas y no deberían cruzarse jamás.
Pero un día cada siete años, un día que nadie conoce, las dos calles se entrevistan en secreto y forman una esquina mágica.
Son aparentemente paralelas y no deberían cruzarse jamás.
Pero un día cada siete años, un día que nadie conoce, las dos calles se entrevistan en secreto y forman una esquina mágica.
¿Por qué El Tuerto y los Ciegos?

Casandra* es personaje troyano de la mitología griega (https://es.wikipedia.org/wiki/Casandra). Básicamente sabe lo que va a ocurrir, puede ver el futuro, pero nadie le cree.
Como analogía de lo que nos toca vivir en torno al papel de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías en las sociedades actuales, es un intento de mostrar lo difícil que puede ser construir un relato que desnaturalice lo que los medios han naturalizado. Lo difícil que puede ser intentar observar y decir cómo las corporaciones mediáticas y tecnológicas nos miran, nos dicen, pero sobre todo, cómo somos pensados por ellas.
El tuerto y los ciegos[i] es una canción clásica del rock nacional (Sui Generis. 1974) y cuenta desde los ojos de Charly Garcia el mito de Casandra y Apolo.
Como analogía de lo que nos toca vivir en torno al papel de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías en las sociedades actuales, es un intento de mostrar lo difícil que puede ser construir un relato que desnaturalice lo que los medios han naturalizado. Lo difícil que puede ser intentar observar y decir cómo las corporaciones mediáticas y tecnológicas nos miran, nos dicen, pero sobre todo, cómo somos pensados por ellas.
El tuerto y los ciegos[i] es una canción clásica del rock nacional (Sui Generis. 1974) y cuenta desde los ojos de Charly Garcia el mito de Casandra y Apolo.
domingo, 27 de septiembre de 2015
Palabras iniciales
Roberto Fontanarrosa
“Puto el que lee esto.”
Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora.
Lo leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. “Puto el que lee esto”, y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacete cargo y si no, jodete. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento...” Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.
“Puto el que lee esto.”
Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora.
Lo leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. “Puto el que lee esto”, y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacete cargo y si no, jodete. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento...” Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.
Una interesante observación sobre las narigonas
Roberto Fontanarrosa
Viste que todas las narigonas son tetonas? –preguntó el Pitufo cuando el Flaco Damián ya había encarado con el tema del tejido social.
—No me jodás –dudó Pedro.
—Fijate, fijate y vas a ver que tengo razón. Todas las narigonas son tetonas.
—Andá a cagar –se rió el Chelo, pegando con la palma de la mano sobre la mesa–. Che –alertó a los demás–, mirá con la pelotudez que sale éste. Que todas las narigonas son tetonas.
—Mi prima Antonia es narigona y es tetona –corroboró el Peruano que, sin embargo, era uno de los pocos que le había prestado atención al Flaco Damián.
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